| Usurpando la cultura |
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| Escrito por Felipe Silva Madrid |
| Viernes, 21 de Agosto de 2009 12:32 |
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Lo vivido hace unos días, en la desocupación del centro cultural AKI, en la cual se dijo que se encontró “municiones de guerra”, da para pensar cuál es el fin de quienes están detrás de tergiversar las informaciones. Lo peor de todo es que el arte, en su esplendor, quien sale más perjudicado.
Los “okupas” nacieron en España, Inglaterra y Francia, como un estilo de vida, hace ya varias decenas de años. Ellos, por intermedio de distintas manifestaciones artísticas, intentan dar a entender a la comunidad, la consideración que se debe tener con la expresión a través de las diferentes categorías, que pueden ser difundidas en los talleres gratuitos, por intermedio de la autogestión y autonomía.
Es esa la concepción que debe pesar, sobre los intereses malintencionados de quienes nos quieren hacer creer, que todos los “okupas” son violentos, lo cual es totalmente falso. Pero ese fue el objetivo logrado por el producto que apareció en los distintos medios de comunicación, cuando por segunda vez, distantes un par de semanas, fueron desalojados los integrantes del centro cultural AKI.
Primeramente habían sido expulsados el 14 de julio, desde República 550, el cual ocuparon 4 años, donde realizaron más de veinte talleres y participaron más de 800 jóvenes aportando con su trabajo e ideas para fomentar la cultura. A su vez, en la casa de Beauchef 1225, se estaban comenzando a renacer con el taller de tango. Además de fomentar talleres de Clown, Mimos, Butoh, Tela y varios encuentros artísticos.
Para el abogado defensor, Rodrigo Román el tema es simple, pero no menos importante. “Estos chicos son los mismos que ocupaban la histórica casa okupa de República 550, lo que hicieron entonces fue ocupar otra propiedad para seguir realizando sus actividades artísticas. Por eso todo esto es un montaje”.
El estudiante de sociología, Alberto Montes, tiene una particular visión de lo acaeció hace unos días. “Estamos en presencia de lo que denominaría la lucha de poder, puesto que por un lado, están todos los jóvenes quienes desean hacer arte y convocar a la gente y por otro la imposición de las autoridades competentes, quienes reciben órdenes y tienen que justificar su actuar, no importando a qué precio”.
Ahora como ocupación propiamente tal, Montes tiene su teoría. “No soy abogado, pero creo que si hay personas que quieren ocupar sitios en desuso, lo pueden hacer, ya que para la comunidad es positivo ver a jóvenes haciendo cultura, en vez de estar drogándose o cometiendo ilícitos”.
Finalmente Alberto Montes, cree que no son los montajes la manera de extirpar a los “okupas” de los recintos abandonados. “Hay manera de comunicarse entre las autoridades y los interventores. Lo que pasa es que no hay diálogo y eso genera rechazo de ambas partes, lo que complica las situaciones y genera enfrentamientos y abusos en muchos casos”.
En una declaración pública los “okupas”, AKI, dieron a entender algunos puntos, que son importantes a considerar: Ante los hechos acaecidos el domingo 16 de agosto, en donde fuerzas especiales de carabineros desalojó la casa ocupada de Beauchef 1225, señalando haber encontrado municiones de guerra:
1. Somos creadores que construyen formas distintas de enseñanza, de cotidianidad, de subsistencia, es decir, una forma distinta de vivir. En ese marco ocupamos casas deshabitadas, así como lo hicimos con República 550, ahora con Beauchef 1225, en donde rescatamos espacios inútiles para ser espacios vivos, llenos de arte y cultura autogestionada, donde no hay que pagar para poder aprender.
2. Nosotros intentamos construir un lugar distinto donde vivir, con relaciones más solidarias, horizontales y colectivas. Y nuestra construcción siempre se va a enfrentar a las fantasías de los poderosos, que creen que nuestras herramientas son armas y balas de guerra. Nosotros no portamos las armas ni ingresamos con ellas el domingo 16 de agosto a Beauchef 1225. No necesitamos armas de guerra, porque ya bastante poderosas son nuestras herramientas: arte colectivo, autonomía y autogestión.
3. Que quede claro: las municiones que encontró carabineros no nos pertenecen y si sabemos como llegaron al lugar que ocupamos, fueron dejadas y sacadas por el GOPE. Y no supimos que nos acusaban de “porte ilegal de armas” hasta 9 horas después de nuestra detención (nosotros creímos, inocentes, que sólo nos estaban desalojando).
4. Lo que sí sabemos es que hubo tratos vejatorios, en especial con nuestras compañeras, una menor de edad entre ellas. Lo que sí sabemos es que se destruyó material valioso para nuestro trabajo. Lo que sí sabemos es que lo que pasó el domingo 16 de agosto es un montaje que busca criminalizar nuestra forma de luchar para construir el mundo que queremos.
5. Hacemos un llamado a quienes nos apoyan, que se sumen a las distintas actividades que realizaremos para denunciar este montaje, que hablen con su gente, que le cuenten esta versión, para que esa en que nosotros somos los malos no pase de ser un mal cuento.
Lobsang, uno de los muchachos, injustamente desalojados, se defiende ante las acusaciones. “Más que expresar, buscamos enseñar, aprender y entregar el acceso al arte. Lo que conlleva la cultura es acercar, lo que no está haciendo el Estado chileno al pueblo, porque cuando la gente empieza a pensar, se nutre de cultura y es ahí cuando el Estado empieza a tener miedo”.
Respecto de si la cultura nacional es elitista, Lobsang tiene un particular pensamiento. “Lamentablemente sí es elitista, pero no pasa por un tema de que el pueblo lo quiera así. Tiene que ver con el capitalismo. Si el capital no existiera, no sería elitista y tendríamos cultura para todos. Lo que estamos haciendo nosotros, es dar otra alternativa que es la cultura no elitista y esa es la que quieren erradicar”.
El actuar policial fue lo que más molestó a los afectados, ya que se tergiversó todo lo que pasó aquel día. Lobsang se defiende diciendo que, “El terrorista en realidad es el Estado Chileno. Todo es un montaje (respecto del joven que le “explosionó” una bomba) lamentablemente son montajes setentistas que uno los puede ver. Lo más triste es que quienes lo vemos, somos los hijos de la dictadura”.
Es extraño que en menos de dos meses, los desalojados sean los mismos muchachos, con años de experiencia, en entregar y difundir la cultura. Para Lobsang, esto radica en que, “al parecer somos la ocupación más emblemática del país, la que a organizado realmente eventos culturales, la que ha tenido a más personas trabajando a full (800 personas dentro de una casa) Acá no hay normas, salvo la ley seca, ya que todos trabajamos, damos clases, hacemos talleres, siempre estamos pensando en qué hacer, a qué población vamos a ir.
Finalmente los muchachos, representados por Lobsang, tienen claro que deben seguir haciendo, ante las dificultades que han tenido. “Seguir trabajando. Esa es la palabra mágica. Acá no muere esto”.
Quedará en el inconsciente de las personas, que fueron parte de este montaje, el nulo respaldo que tuvieron de la comunidad, ya que las personas ven en centros como AKÌ, la posibilidad de expresarse y culturizarse, de manera gratuita y libre. Ahora bien, que nadie olvide este precedente, ya que eran otros los tiempos donde se censuraban manifestaciones artísticas. Hoy, con algo de fortuna, el show debe continuar. |



