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Chile está de fiesta

    Con la llegada de septiembre, miles de chilenos aprovechan las Fiestas Patrias, para revivir nuestras tradiciones y celebrar con la familia y amigos, al lado de un buen vaso de chicha, un rico asado y sus buenas empanadas, generalmente en las fondas que se realizan en el Parque O’Higgins y en algunos lugares tradicionales de nuestra ciudad, como la popular Piojera.

 

 

 

 

 

 

 

Un poco de historia

 

En nuestro país, el “dieciocho” se celebra desde 1811 como una fecha para unir a los chilenos porque se conmemora un hito de carácter civil como fue la creación de la Primera Junta de Gobierno, a pesar de que la fecha más importante es el 12 de febrero de 1818, día de la proclamación de la Independencia de Chile. Para la élite republicana, la fiesta de septiembre tenía un nivel más simbólico y patriótico porque resaltaba con mayor notoriedad la bandera, el escudo y el himno.

 

Por su parte, el bajo pueblo asistía a las explanadas, donde se instalaban chinganas para iniciar los festejos populares. Las ramadas de origen colonial fueron un espacio de sociabilidad popular en las que había danza y comidas típicas, con chicha y empanadas que forman parte de las costumbres populares que se celebran hasta hoy.

 

 

Revive nuestro baile nacional

 

Para estas fechas, la cueca que fue declarada danza nacional en 1979, se escucha y se baila por todo los rincones de Chile. Sobre su origen hay distintas teorías, se dice que estaría en la samba (fiesta de origen moro, que quedó en España tras su expulsión), también que pertenece a la cultura indígena incluso, a la africana. Nuestro baile puede asemejar el rodeo del gallo a la gallina, el cortejo que existe entre una pareja o el asedio del huaso a una potranca, a la que trata de atrapar con su suave lazo.

 

Actualmente, hay lugares que buscan expandir la cultura chilena como el galpón Víctor Jara ubicado en el Barrio Yungay de Santiago que durante el año tiene un ciclo de cueca brava que se extiende de mayo a diciembre, el primer miércoles de cada mes.

 

La cueca brava pertenece a los barrios pobres y conflictivos, que existen en cada ciudad del país, en ella se retrata las aventuras del roto chileno. Eileen Campusano, bailarina profesional, cree que son pocos los chilenos que toman en serio nuestro baile nacional porque la mayoría solamente la baila cuando se trata de ocasiones especiales.

 

“Para mí, bailar la cueca es lo que me gusta, uno en ella, demuestra la pasión, un juego de conquista que se manifiesta en su expresión y en una forma especial de danzarla”.

 

 

Encumbrando felicidad y alegría

 

A lo lejos, en el horizonte siempre llaman la atención de grandes y chicos, son de diferentes aspectos, de distintas formas y colores son los queridos volantines que cada tarde de primavera y sobretodo para las Fiestas Patrias se convierten en una gran entretención familiar.

 

Es impresionante como un simple trozo de papel, unido a un liviano armazón de palos de coligüe, que se eleva por los cielos, gracias a un carrete de hilo, puede convertirse en uno de los juegos más característicos y tradicionales para los chilenos.

 

Cristian Bravo, hace 4 años que asiste al Parque O’Higgins con su familia a vender volantines, él recomienda que la gente concurra al parque a elevar volantines porque es un deporte sano y a la vez, tradicional que une y distrae a la familia. “Nosotros traemos material de trabajo para hacer unas moneditas para la casa y a la vez mis hijos se divierten, eso si que este año ha sido un poquito bajo en comparación al otro. Acá vendemos hilo sano porque no trabajamos el hilo curado además, hay mucho carabinero que anda viendo, no conviene”.

 

Este año, Chilectra junto con la Asociación Chilena de Seguridad (AChS) y la Cruz Roja lanzaron la campaña "Volantín Seguro 2009”, como medida para prevenir accidentes en zonas no aptas y cercanas al tendido eléctrico. Esta iniciativa se une a la cruzada que tienen las autoridades cada mes de septiembre para que no se vendan volantines con hilo curado porque son peligrosos para la población.

 

 

Cuando los festejos comienzan, la celebración se inicia

 

En la calle Aillavilú 1030, se encuentra el punto de reunión de la cultura guachaca y que para estas fiestas se convierte en uno de los epicentros dieciocheros de la capital junto con las fondas del Parque O’Higgins, nos referimos a la tradicional Piojera.

 

Ubicada al frente de la Estación Mapocho, este restaurante que tiene en su menú el clásico terremoto, también ofrece como parte de sus tragos el maremoto, la replica, la piscola y la infaltable chicha. Dentro de las comidas se venden empanadas caseras, el arrollado, el pernil con papas cocidas y la cazuela de vacuno.

 

La gran novedad de estas Fiestas Patrias es que La Piojera participará por primera vez de La Semana de la Chilenidad que organizan las municipalidades de Las Condes y Vitacura en conjunto, con la Federación de Criadores de Caballos Chilenos en el Parque Padre Hurtado para llevar parte de la cultura chilena a los albores del Barrio Alto.

 

 

Marcos Pacheco, garzón de La Piojera nos dijo: “Nuestro local pasa lleno todos los días y en especial ahora, en víspera de las fiestas porque para la gente del pueblo, ya es una tradición, sobretodo para los estudiantes, adultos mayores y turistas. Para el 18, ofrecemos un jarro de un litro y medio de chicha a 3.200 pesos”.

 

En general, la gente que visita este tipo de locales lo hace para divertirse, celebrar y olvidarse de sus problemas, pero también hay algunos que con ese mismo afán, a medida que avanzan las horas, se toman unos traguitos demás y saludan a medio mundo con monosílabos y frases incoherentes que se pierden en cada uno de los rincones de La Piojera.

 

Ahora que nos encontramos a las puertas del Bicentenario, lo mejor para estas fechas es celebrar de acuerdo a la realidad de nuestros bolsillos sin grandes gastos, con precaución y responsabilidad para evitar que cada año ocurran accidentes y muertes que para estas fechas aumentan considerablemente, y sin olvidar el sentido de estas fiestas ni las tradiciones ni costumbres que las rodean.

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